A Coruña, 1928. “Las pesetas rebosan de las cajas de ahorro”

Un artículo publicado por el diario El Orzán el 10 de abril de 1928 desliza la mirada de un visitante extranjero sobre A Coruña. En realidad el texto es una réplica del que se había publicado unos días antes en El Imparcial de Montevideo. Lleva la firma de Faustino M. Teysella,  cónsul de Uruguay en A Coruña, que describe la vida cotidiana en la efervescente urbe en la que vive, una ciudad que emerge y a la que señala como menos industrial que Vigo, pero más adinerada.

“La Coruña es una ciudad acogedora que atrae y conquista. Tiene los encantos necesarios para seducir al forastero, alegría para distraerlo y bellezas naturales para despertar su curiosidad”, apunta el diplomático charrúa, que se detiene también en las posibilidades de crecimiento de la ciudad a partir de la prosperidad de sus gentes. “Las pesetas rebosan de las cajas de ahorro y las cuentas corrientes igualan el capital con el interés. El que tiene cien duros no los lleva en el bolsillo; los mete en el Banco Pastor”, explica.

A Coruña contaba con el puerto pesquero más importante de España, y destina a la exportación la mayor parte de su producción en ese sector y también la de salazones y conservas. Es una ciudad alegre. “Durante el verano, La Coruña es un continuo jaleo. Diversiones por todas partes, el tiempo corre a fiesta diaria, verbenas en los barrios y el Relleno, concursos deportivos y de cantos regionales. Y corridas de toros”, apunta en su artículo el cónsul charrúa.

Pero en aquel ejemplar de El Orzán llegaban también malas noticias. El drama y la esperanza por un futuro se mezclan en ese 1928, año en el que un portero legendario, Rodrigo García Vizoso, debutará bajo los palos de la meta del Deportivo, meses antes de que se dispute el primer campeonato nacional de Liga.

Irene contra el “Klu-Kux-Klam”

El 1 de enero de 1925 el Gran Restaurant Alfonso, en los Cantones coruñeses, ofrecía un menú especial a 5 pesetas (el precio de una entrada: Entremeses variados, Huevos “Aurora”, Lenguado “Orli” y Chateaubriand con trufas. Los postres eran variados e incluían mazapán, turrones, fruta, queso, flan o mermelada. La influencia gala era evidente en la oferta. Pero a la ciudad llegaban también otros ecos del exterior. Algunos no se acabaron de codificar de manera correcta.

Aquel día de Año Nuevo, el diario El Ideal Gallego publicó una escueta nota:

Un reto. El “Klu-Kux-Klam”, de Santa Lucía, reta al “Club Irene” para jugar un partido de fútbol, el domingo, día 4, en el campo que ellos se dignen designar, esperando la inmediata contestación por la prensa.

Es la primera noticia documentada sobre el Irene C. F, liderado por la que hasta entonces era intrépida guardameta que se había lucido en varios clubs coruñeses. No hay constancia de que el partido se jugase.

El nombre del equipo que quería poner a prueba al nuevo conjunto evocaba al Ku Klux Klan, la organización segregacionista de extrema derecha que empezó a operar en Estados Unidos inmediatamente después de la Guerra de Secesión. Luego decayó hasta que en 1915 resurgió. Diez años después estaba en su apogeo. No parece que los promotores de aquel equipo de la barriada de Santa Lucía tuviesen algún tipo de simpatía con los encapuchados. Más bien tomaron un remedo de su nombre por su sonoridad, lejos seguramente de entender lo que significaba.

En todo acaso la situación pasó desapercibida ante la fuerza del Irene y su capitana, que durante esos meses acaparó los debates en la ciudad sobre el papel de la mujer no sólo en el fútbol sino en otros ámbitos que hasta entonces le estaban vedados.

El primer título oficial del Deportivo y la creciente presencia de las mujeres en Riazor

Fue el primer título oficial del Deportivo, un triunfo largamente aguardado porque entre 1904 y aquel 6 de febrero de 1927 se disputaron veinte campeonatos de Galicia de fútbol y el título nunca se había festejado en A Coruña. Todos los triunfos se los habían llevado equipos olívicos, bien el Vigo, bien el Fortuna, bien el Celta, el club resultante de la fusión de ambos.

El Deportivo anhelaba aquel éxito. Un año antes se había quedado a las puertas, derrotado en la penúltima jornada del campeonato en un decisivo partido disputado en Coia. Más cerca, incluso, estuvo en 1925 cuando era líder a falta de dos jornadas. Pero sendas derrotas ante Pontevedra Athletic y Celta laminaron la ilusión.

En 1927 el Deportivo se encontró de nuevo a dos jornadas del final ante la oportunidad de ser campeón. Había vencido al Eiriña pontevedrés por 11-0 en una tarde de lluvia y viento sobre el barrizal del Parque de Riazor y en perspectiva llegaba un duelo decisorio, también a orillas de la playa, contra el Celta. La directiva decidió que el equipo se marchase el lunes a Cabanas. Allí frente a Pontedeume, en la playa de la Magdalena, velaron armas en un destino que décadas después todavía era habitual en las concentraciones del equipo. Los jugadores del Celta, mientras tanto, se recogieron en Gondomar esa semana. La expectación era inusitada. El precio de la entrada más barata se elevó hasta las 4 pesetas, detalle que suscitó no pocas protestas. Pero el campo se abarrotó.

Tras una semana de intensa lluvia, aquel domingo la ciudad lució luminosa. Llegaron coches procedentes de diversos puntos de la geografía gallega y el bullicio en las calles jalonó las horas previas al inicio del partido, señalado para las tres y media de la tarde. Para la ocasión se desplazó además un trio arbitral vasco, comandado por Saracho, una de las celebridades de la época. Los jugadores del Celta criticaron su actuación. El diario El Orzán describió el ambiente y explicó que el graderío estaba ocupado por “una imponente masa humana en la que lucían muchas y bonitas mujeres”. Dos días después el mismo periódico coruñés reflexionaba en un artículo sobre la creciente presencia femenina en las tribunas del Parque de Riazor: “Las mujeres han dado al fútbol un carácter decorativo del que antes carecía”. No era, precisamente, el caso de Irene González Basanta, que ya entonces era una celebridad al frente del Irene C. F.

Todos los goles se marcaron en la primera parte, primero Chaco para los locales,empató Rogelio y decidió Joaquín Vázquez con un testarazo a centro de Guillermo. El Deportivo formó con Isidro bajo palos; Luis Otero y Rey en la zaga; Viar, Redondela y Fariña en mediocampo y Guillermo, Vázquez, Ramón, Chaco y Alonso en la delantera. El entrenador era Félix Gila, un sevillano.

En la crónica de La Voz de Galicia se detalló el final de la jornada: “A las diez de la noche regresaron a Vigo en un automóvil los excelentes equipiers del Celta. Numeroso público –toda la avenida ofrecía a tal hora un aspecto imponente y alegrísimo- tributó a los simpáticos muchachos una afectuosa ovación de despedida”.

Un grupo de aficionados abrió una suscripción popular para recaudar un dinero con el que primar a los futbolistas, se organizaron bailes y cenas. El Deportivo, al fin, era campeón.

Ricardo Zamora como inspiración

La primera gran estrella del fútbol español fue Ricardo Zamora, guardameta de la selección que logró la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920. Fue la primera vez que se formó un combinado entre los mejores futbolistas del país. Zamora era el portero del Barcelona, pero el club de su vida fue el Español. Fue perico en dos etapas (1916-19 y 1922-30) antes de protagonizar el traspaso más sustancioso de la época (100.000 pesetas) para jugar con el Real Madrid hasta el inicio de la Guerra Civil.

Ricardo Zamora en un partido con la selección española en los Juegos Olímpicos de 1920.

En 1924 Ricardo Zamora tenía 23 años y ya era una celebridad. En un tiempo en el que las noticias llegaban a cuentagotas no era complicado imaginar leyendas. Pero el mítico guardameta se hizo carne en el viejo Parque de Riazor. El Deportivo, con Virgilio Rodríguez Rincón uno de los futbolistas que contribuyeron a lanzar el club desde la Sala Calvet, al mando de la entidad, organizó tres partidos amistosos contra el Español para celebrar la inauguración de la nueva terraza que embellecía la tribuna del campo de fútbol ubicado en donde ahora está el colegio de las Esclavas.

La expedición catalana llegó en el denominado tren rápido de Barcelona (tardaba 30 horas en hacer el recorrido). Una verbena con murgas y organillos jalonó el evento celebrado el día anterior al primer partido. Por fin, el 31 de agosto el Español y el Deportivo saltaron al campo. Zamora estaba bajo palos. El campo lucía abarrotado. Nadie logró marcarle y el Español ganó 0-3. La Voz de Galicia llevó la crónica del partido a su primera página y la inició con estas líneas: “El nombre de Zamora es conocido de todos los españoles, aficionados o no al fútbol. Su fama no es solo local, sino que ha traspasado las fronteras, y en Francia lo mismo que en Inglaterra se le tiene por un notable guardameta. Decir Zamora es decir serenidad, valentía, agilidad, vista y elegancia. Su influencia en un equipo es, en muchos casos decisiva; no solamente por lo que atañe a la fuerza moral con que juegan sus compañeros, teniéndole a él en la portería, sino asimismo por lo que contribuye a que sus enemigos se descompongan ante el afán esteril de traspasar su meta”.

Irene González Basanta posa ante una de las porterías del viejo campo coruñés del Parque de Riazor.

La presencia de Zamora fue mayúscula. “Cuando Chiarroni (delantero del deportivo) se vió solo ante el portero dio la impresión de un pajarito sugestionado por la serpiente”, dejó escrito el cronista.

Cuatro días después ambos contendientes volvieron a encontrarse con nuevo triunfo perico por 1-4. Chiarroni, esta vez sí, marcó el gol deportivista. Y, al fin, el 7 de septiembre, el Español volvió a vencer en el tercero de los duelos previstos por 0-2.

Aquella semana de Ricardo Zamora en A Coruña dejó huella. Una chiquilla de quince años que vivía en el Campo da Leña atendió a toda aquella efervescencia en torno al primer astro del fútbol español. Y de alguna manera decidió mimetizarse en aquel ídolo y escribir su propia historia.

Pau López, entonces meta del Espanyol con la camiseta homenaje a Ricardo Zamora en abril de 2016

1926. La ciudad de cristal se mira en el espejo

En los años veinte del siglo pasado A Coruña empezó a mirarse en el espejo para descubrir toda su belleza. En el libro “Irene y las puertas del fútbol. Historia de una pionera” se puede contemplar, a doble página, la primera imagen aérea tomada de la ciudad. La sacó el aviador Díaz Lordas el 3 de julio de 1926, una jornada en la que una escuadra de cinco aviones despegó desde la playa de Santa Cristina para efectuar varias pasadas sobre la ciudad y su comarca, Betanzos y Ferrol.

La publicación de las imágenes en los medios de comunicación impresionó a todos los que las vieron. Así que desde el Ayuntamiento se consideró la posibilidad de rodar una pequeña película que difundiese aquella nueva mirada de la ciudad que ya se intuía. El encargo lo recibió Augusto Portela, fotógrafo cuyo padre había trabajado en el estudio que tenía José Sellier en la calle Real.

Sellier exhibió en 1897 las primeras tomas cinematográficas rodadas en España. Las hizo en A Coruña para sacar provecho a un equipo comprado a los Lumière. Portela tenía una buena referencia, así que se puso manos a la obra y rodó “La ciudad de cristal”, que se estrenó en el Salón-Teatro Linares Rivas, ubicado en Los Cantones donde luego estuvo durante años el Cine Avenida. El 20 de marzo de 1927 se proyectó un pase abierto tan sólo a invitados. Portela recogió impresiones entre los asistentes y retocó el montaje final para reducir metraje. Mes y medio después se estrenó su obra ante el público, que la recibió entre ovaciones.

La película, muda, mostraba finalmente en 16 minutos diversas estampas de la ciudad, del trajín en el puerto, de la animación en las plazas, de solaz en la playa de Riazor o el mar embravecido del Orzán. También se recogieron planos en Sada y Betanzos. Las imágenes se introducían con textos redactados por Adolfo Torrado, que con el tiempo hizo fortuna en cine y teatro como guionista.

Aquella primavera de 1927 que los coruñeses presumían de ciudad, Irene González Basanta jugó sus últimos partidos de fútbol.

Irene en cinco claves

1. Quién. Irene Gonzalez Basanta fue una chica coruñesa, del Campo da Leña, apasionada del fútbol. Tanto lo era que tras apuntarse a varios equipos infantiles decidió formar el suyo, el Irene F. C., en el que se alineaba como guardameta. Fue la primera mujer que jugó al fútbol en España entre hombres y se convirtió en una celebridad y, sobre todo, en un referente para las mujeres de la época.

2. Cuando. Todo ocurrió en los años veinte del siglo pasado, un tiempo en el que el fútbol latía en A Coruña, una ciudad en expansión, pero también golpeada por las pandemias. Irene vivió su apogeo futbolístico entre 1924 y 1927 y avivó el debate en una sociedad en la que las mujeres aún no tenían derecho a votar y en la que diversos sectores se alarmaban por la creciente afición femenina por el ejercicio físico.

3. Por qué. Irene vestía de orgullosa guardameta con una camiseta que emulaba la de su ídolo, Ricardo Zamora, al que presumiblemente vio jugar en el viejo estadio del Parque de Riazor. El legendario guardameta fue el portero de la selección española en los Juegos Olímpicos de Amberes, en 1920. Aquel equipo logró la medalla de plata, el primer gran éxito del balompié nacional, con tres representantes gallegos en el plantel (Luis Otero, Moncho Gil y Ramón González). Irene quería ser Zamora.

4. Para quién. El Irene F. C. disputó partidos en diferentes puntos de la geografía gallega, también en el Parque de Riazor, el viejo estadio coruñés ubicado a escasos metros de donde está el coliseo actual en el que juega el Deportivo. Su presencia suscitaba una enorme expectación gracias al tirón de su capitana. Los campos se llenaban para seguir a un equipo compuesto por adolescentes que actuaban al mando de una intrépida líder. Con el aliciente de ver las evoluciones de Irene empezaron a verse cada vez más mujeres en las gradas

5. Consecuencias. El legado de Irene se mantuvo en los tiempos más oscuros, cuando el fútbol femenino estaba prohibido. Las chicas que querían practicarlo encontraron una manera de hacerlo en encuentros que se celebraban en Carnaval. En los años 60 varias de esas citas desbordaron de público el viejo campo de la Granja, en A Coruña. Años después, en 1983 el primer campeonato de España de fútbol femenino lo ganó un equipo coruñés, el Karbo. Más de 6.000 mujeres juegan hoy al fútbol en Galicia y cerca de 70.000 en toda España.

Una lectura que deja huella

Rafael Louzán Abal, presidente de la Federación Gallega de Fútbol, es uno de los dos prologuistas del libro “Irene y las puertas del fútbol. Historia de una pionera”. En su presentación apunta que estamos ante un relato “fascinante, con un punto conmovedor y épico”.

El máximo mandatario del fútbol gallego destaca el valor del legado de Irene González Basanta y como a día de hoy son más de 6.000 las mujeres que están federadas en Galicia para jugar al fútbol. “No se trata de una moda. Tenemos cimientos porque se está ensanchando la base”, apunta. Y concluye: “Después de la lectura de este libro, quien acuda a ver un partido femenino de fútbol tendrá complicado no evocar la epopeya de la pionera”.

El libro que se estructura como un partido de fútbol

“Irene y las puertas del fútbol. Historia de una pionera” es el relato de una pasión futbolera, pero también de cómo la mujer se abre camino en una época en la que no era sencillo desa ar todas las convenciones. Lo hizo una chiquilla coruñesa que se convirtió en una celebridad en los años veinte del siglo pasado porque se puso bajo palos para liderar a un equipo de hombres que jugaba bajo su nombre, el Irene C.F. 

La obra se estructura de manera similar a como puede vivir un aficionado un partido de fútbol. Empieza por una previa en la que se ilustra la aparición de la mujer en el fútbol, tanto en España como en el resto del mundo, mientras en A Coruña se incubaba una portera. El primer tiempo transcurre ya con Irene bajo palos en un contexto en el que el deporte femenino comienza a ganar espacio; en el intermedio se relata el fulgor de la deportista antes de un segundo tiempo que se detiene en su ocaso y muerte, víctima de una época de pandemias. 

Pero nada se acaba ahí. Jugamos una prórroga para detallar la huella de Irene González Basanta y el devenir, casi siempre tortuoso, de las mujeres futbolistas. La tanda de penaltis final nos trae la aparición de Matilde Regaldie, sobrina de Irene y única familiar directa viva de la pionera. Con ella acabamos de trazar una historia singular. 

PREVIA: EL FÚTBOL FEMENINO ANTES DE IRENE 

Las crónicas detallan como en 1914 se jugó en Barcelona el primer partido entre mujeres, un duelo benéfico que tuvo precedentes muy anteriores tanto en Inglaterra, la cuna del fútbol, como en otros puntos de Europa. El deporte femenino al inicio de los años veinte era casi inexistente o se reducía a élites. Pero Irene González Basanta tenía una extracción social muy diferente. 

PRIMER TIEMPO: LA IRRUPCIÓN DE IRENE (1924) 

De familia modesta, vecina del Campo de la Leña coruñés, Irene abre puertas porque lleva el rol de la mujer en el fútbol a otro nivel, pasa de espectadora a practicante y lo hace a partir de un modelo, el del guardameta Ricardo Zamora, en quien trata de mimetizarse. Todo sucede mientras el fútbol cala en la ciudad, cada vez con más equipos, nuevos héroes en liza y una creciente pasión por el Real Club Deportivo. 

INTERMEDIO: EL FULGOR DE IRENE (1925-26) 

En un tiempo de crisis del fútbol femenino, Irene se convierte en referencia y también en objeto de debate. Su figura se convierte en reivindicativa a través de diferentes artículos y reflexiones. Sobre el campo y bajo palos siente el cariño de la gente, que se moviliza para presenciar en vivo sus hazañas deportivas por diferentes puntos de Galicia. 

SEGUNDO TIEMPO: EL OCASO DE IRENE (1927-28)

Hay tragedia y muerte en la historia de Irene. En la temprana pérdida de sus padres y, al fin, en su propio fallecimiento después de una enfermedad que tuvo en vilo a todos sus seguidores. 

PRÓRROGA: DESPUÉS DE IRENE (1929-2020) 

La evolución del fútbol femenino no ha sido ni lineal ni sencilla. Tras la muerte de Irene y el periodo de guerras, tanto en España como en Europa, el balompié no vuelve a calar entre la mujer hasta los años sesenta. A partir de ahí se dirime una batalla por el reconocimiento y la normalización en la que A Coruña siguió jugando un papel pionero. 

PENALTIS: MATILDE, LA HUELLA FAMILIAR DE IRENE 

Encontramos a la sobrina de Irene. Con ella recuperamos su memoria y la de su familia en un relato en el que ofrece detalles de cómo su madre, la hermana mayor de la futbolista, la cuidó hasta sus últimos días.