El 2-3-5 y equipos de hombres contra una portera. ¿Cómo era Irene bajo palos?

Al margen del mito y de su condición de pionera, ¿cómo era Irene bajo palos? En el libro recogemos y documentamos las versiones ofrecidas a lo largo de los años por aquellos que la vieron evolucionar como guardameta.

El periodista Bocelo ofreció en varias piezas periodísticas la descripción que recabó en un “viejo aficionado”: “Alta, buena complexión, un tanto ‘marimacho’, que es como entonces se llamaban a las mujeres hombrunas. Ágil, buena colocación y blocaje seguro en las pelotas bombeadas. Decidida en las salidas”. Además incide en su carácter enérgico: “Irene se movía, y gritaba dando instrucciones a sus defensas, que la obedecían. Y si era preciso soltar algún taco, tampoco se mostraba tímida”.

Otro testigo que la vio en vivo, el también periodista Luis Conde de Rivera, describía una agresividad más allá de la verbal: “Tal era la pasión y el entusiasmo que ponía en el juego, que a los delanteros cuando le ‘entraban’ les propinaba sendas patadas y puñetazos”. Se refería a las llamadas cargas de los jugadores ofensivos, entonces toleradas, según apunta: «(…) defendiendo su marco ante potentes delanteras masculinas, en aquellos tiempos en que la carga al portero, ¡y para ella no había cortesías!, estaba al orden del día y era admitida por los árbitros”.

Cargas, no olvidemos, de cinco delanteros, pues la táctica canónica entonces era el 2-3-5.

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