Ricardo Zamora como inspiración

La primera gran estrella del fútbol español fue Ricardo Zamora, guardameta de la selección que logró la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920. Fue la primera vez que se formó un combinado entre los mejores futbolistas del país. Zamora era el portero del Barcelona, pero el club de su vida fue el Español. Fue perico en dos etapas (1916-19 y 1922-30) antes de protagonizar el traspaso más sustancioso de la época (100.000 pesetas) para jugar con el Real Madrid hasta el inicio de la Guerra Civil.

Ricardo Zamora en un partido con la selección española en los Juegos Olímpicos de 1920.

En 1924 Ricardo Zamora tenía 23 años y ya era una celebridad. En un tiempo en el que las noticias llegaban a cuentagotas no era complicado imaginar leyendas. Pero el mítico guardameta se hizo carne en el viejo Parque de Riazor. El Deportivo, con Virgilio Rodríguez Rincón uno de los futbolistas que contribuyeron a lanzar el club desde la Sala Calvet, al mando de la entidad, organizó tres partidos amistosos contra el Español para celebrar la inauguración de la nueva terraza que embellecía la tribuna del campo de fútbol ubicado en donde ahora está el colegio de las Esclavas.

La expedición catalana llegó en el denominado tren rápido de Barcelona (tardaba 30 horas en hacer el recorrido). Una verbena con murgas y organillos jalonó el evento celebrado el día anterior al primer partido. Por fin, el 31 de agosto el Español y el Deportivo saltaron al campo. Zamora estaba bajo palos. El campo lucía abarrotado. Nadie logró marcarle y el Español ganó 0-3. La Voz de Galicia llevó la crónica del partido a su primera página y la inició con estas líneas: “El nombre de Zamora es conocido de todos los españoles, aficionados o no al fútbol. Su fama no es solo local, sino que ha traspasado las fronteras, y en Francia lo mismo que en Inglaterra se le tiene por un notable guardameta. Decir Zamora es decir serenidad, valentía, agilidad, vista y elegancia. Su influencia en un equipo es, en muchos casos decisiva; no solamente por lo que atañe a la fuerza moral con que juegan sus compañeros, teniéndole a él en la portería, sino asimismo por lo que contribuye a que sus enemigos se descompongan ante el afán esteril de traspasar su meta”.

Irene González Basanta posa ante una de las porterías del viejo campo coruñés del Parque de Riazor.

La presencia de Zamora fue mayúscula. “Cuando Chiarroni (delantero del deportivo) se vió solo ante el portero dio la impresión de un pajarito sugestionado por la serpiente”, dejó escrito el cronista.

Cuatro días después ambos contendientes volvieron a encontrarse con nuevo triunfo perico por 1-4. Chiarroni, esta vez sí, marcó el gol deportivista. Y, al fin, el 7 de septiembre, el Español volvió a vencer en el tercero de los duelos previstos por 0-2.

Aquella semana de Ricardo Zamora en A Coruña dejó huella. Una chiquilla de quince años que vivía en el Campo da Leña atendió a toda aquella efervescencia en torno al primer astro del fútbol español. Y de alguna manera decidió mimetizarse en aquel ídolo y escribir su propia historia.

Pau López, entonces meta del Espanyol con la camiseta homenaje a Ricardo Zamora en abril de 2016

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